A mediados de los años 1940, como consecuencia de un grave accidente laboral en una mina de la cuenca del Caudal, el subsecretario del Ministerio de Trabajo, Carlos Pinilla Turiño, que acudió al funeral de las víctimas de dicho accidente, se reunió en Gijón con un grupo de personalidades locales como Alejandro Pidal Guilhou; Álvaro Armada Ulloa, octavo conde de Revillagigedo, y Ricardo Heredia Guilhou, tercer conde de Benahavís, lideradas por el industrial minero José María Fernández «el Pontico», para impulsar la creación de un orfanato minero con la intención de ayudar a los afectados. Esta institución se constituyó de manera formal en escritura pública otorgada ante notario el 6 de octubre de 1945 con el nombre de Fundación «José Antonio Girón», en homenaje al entonces ministro de Trabajo.
El objetivo fundacional concreto fue el de formar a niños huérfanos de padres víctimas de accidentes laborales en la minería, para lo que se proyectó un edificio que pudiera atender a mil alumnos y que contara con las distintas dependencias requeridas para el desarrollo de la vida estudiantil, como residencia, escuela, talleres industriales, granja, instalaciones deportivas o campos de cultivo. El Ministerio de Trabajo encomendó a la Junta del Patronato de la Fundación la responsabilidad de llevar adelante la obra por Orden de 14 de junio de 1946. Para ello se adquirieron en la carretera de Gijón a Villaviciosa unos terrenos con una superficie de 1 544 572 m², de los que 381 551 m² lo fueron mediante el trámite de expropiación forzosa. Otra superficie complementaria, de 1 464 300 m², se adquirió para la Granja Lloreda, en El Infanzón.
Granja anexa al edificio, actual IES Universidad Laboral. Se encargó la construcción del complejo a un equipo de arquitectos dirigido por el madrileño Luis Moya Blanco y formado por él mismo, su hermano Ramiro Moya Blanco, Pedro Rodríguez A. de la Puente y el gijonés José Marcelino Díez Canteli. Los mejores técnicos de la época se ocuparon de las diferentes especialidades que la obra demandó. Así, los jardines fueron diseñados por Javier Winthuysen Losada, Inspector Nacional de Parques y Jardines Artísticos; el proyecto de granja agronómica se encargó a los ingenieros agrónomos Gabino Figar Álvarez e Ignacio Chacón Enríquez; las esculturas fueron realizadas por Manuel Álvarez Laviada y Florentino Trapero; y los mosaicos por Santiago Padrós, sobre trabajos del pintor sevillano Joaquín Valverde.
Las obras comenzaron en abril de 1948. Durante el transcurso de las obras, en 1950, el Ministerio de Trabajo decidió la creación de las Universidades Laborales, destinadas a la formación profesional de los jóvenes, por lo que el Orfelinato Minero acabó transformándose en la Universidad Laboral de Gijón. La enseñanza y dirección del centro se encomendó a la Compañía de Jesús, mientras que de la intendencia se encargó la Orden de las hermanas pobres de Santa Clara (Clarisas). La Fundación «José Antonio Girón» se disuelve en 1954 en favor de la Caja de Seguros de las Mutualidades Laborales.
La iglesia es sin duda el edificio más espectacular del conjunto arquitectónico de la Universidad Laboral. Con una superficie de 38,40 m por 24 metros, es una de las iglesias de planta elíptica más grandes del mundo. Se aprecia cierta similitud, especialmente interior, con la iglesia de San Agustín de Madrid, del mismo autor.
En el exterior, sobre el dintel de la puerta, está colocada una imagen de la Virgen de Covadonga en una hornacina central y, flanqueándola, cuatro columnas corintias sostienen las imágenes de San José, San Ignacio, San Pedro y San Pablo. La imagen de San José destaca por carecer de cabeza como consecuencia del accidente que se produjo cuando se desprendió la gran esfera metálica situada sobre la puerta de la iglesia. Por encima, el Apóstol Santiago a caballo y dos ángeles adorando una reproducción de la Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias, obra del escultor José Espinós Alonso realizada en bronce con incrustaciones de cristales, mármoles y piedras de color. También a ambos lados de la hornacina central, otras dieciséis estatuas representan a San Juan de la Cruz, San Juan Bosco, San Vicente Ferrer, San Melchor de Quirós, Santa Clara, San Juan de la Cruz, San Pedro de Alcántara, San Lorenzo, San Isidoro, Santa Teresa de Jesús, Santo Domingo de Guzmán, San Francisco, San José de Calasanz, Santa Eulalia, Fernando III el Santo, San Isidro y Santo Toribio.
El interior se halla cubierto por una cúpula con un peso estimado de dos mil trescientas toneladas y montada sobre 40 nervaduras de ladrillos cruzadas entre sí que sostienen la estructura. La altura desde el suelo hasta el inicio de los arcos de la cúpula es de 25 metros y de 33 hasta el centro del óculo. Por este debería entrar la luz del sol e iluminar el centro de la iglesia, aunque en la actualidad no es así debido a que la cúpula cedió ligeramente.
El peso de la cúpula sin la necesidad de las columnas hizo pensar que se vendría abajo al quitar los andamios y para tranquilizar a los trabajadores y demás personas, Luis Moya organizó una comida con su familia justamente en el día que lo desmontaban en el centro de la iglesia.
El suelo del templo es de mármol en su totalidad, y los bancos, pensados para dar cabida al millar de alumnos de la institución y a sus profesores, son de embero, un tipo de madera de Guinea Ecuatorial. Fueron tallados expresamente para el edificio y cada uno de ellos, diferente de los demás, fue realizado en una sola pieza y destinado a ocupar una posición determinada. Las columnas del baldaquino, de granito rosa de Porriño, también son de una sola pieza, con una altura cada una de 7,75 m.
Con la rehabilitación del complejo, la iglesia fue desacralizada, se retiró la simbología religiosa, a excepción de una sencilla cruz, y los bancos. Está destinada a espacio expositivo.
Fachada del teatro hacia el patio central. El teatro presenta una fachada de estilo helenístico y de dimensiones similares a las del Partenón. Coronando el frontón central se eleva un gran escudo de España, según el modelo de 1945. Tiene su entrada custodiada por las estatuas de seis grandes escritores: Miguel de Cervantes, Leandro Fernández de Moratín, Pedro Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Francisco de Quevedo y Lope de Vega.
Su aforo es de 1.756 localidades, repartidas entre las 950 butacas del patio, los palcos y el anfiteatro. Fue el primer teatro totalmente climatizado de Europa, para lo cual contó con un revolucionario sistema subterráneo de distribución de aire. Antes de su restauración, contaba con un novedoso sistema de butacas reclinables, forradas de piel de cabra, aunque hasta hace poco se pensaba que era de piel de camello. Las butacas no pudieron conservarse durante la restauración y fueron sustituidas por un modelo más moderno.
El frontis del escenario fue decorado con un fresco de ciento veinte metros cuadrados titulado Alegoría de las artes y oficios y realizado por el pintor andaluz Enrique Segura, autor también de los frescos de la Sala de Pinturas. En él se trataba de explicar plásticamente que es posible la nivelación de las clases sociales por medio de la cultura. El fresco mostraba asimismo a varios personajes del régimen franquista como Girón, Pinilla o Yagüe y a los arquitectos y escultores que participaron en la obra. En la restauración de 2007 fue tapado por una gran concha de madera. Esta actuación se justificó por su mal estado, el cual se calificó de irrecuperable como consecuencia de los problemas de humedades y desprendimientos que tenía en aquel momento.
La sala está dotada de una acústica extraordinaria. El estudio de las formas y materiales empleados logra una óptima propagación del sonido, de tal modo que un actor en el centro del escenario puede ser escuchado claramente desde cualquier punto del recinto. Si bien las características de la sala son ideales para voz, conferencias y música acústica, no son tan idóneas para música clásica. No obstante, durante las obras de reforma del edificio se hizo un esfuerzo por mantener la peculiar sonoridad del teatro.
También cabe señalar que posee un foso móvil. Este puede ser utilizado para ubicar a una orquesta, aumentar el aforo en 90 localidades o expandir el escenario, de acuerdo con lo que requiera el evento celebrado.